No te voy a decir nada bonito, no sea que te lo creas, no sea que te haga ilusión y el precio porque lo malinterpretes sea más grande que el de hacerte feliz en ese momento, porque al fin y al cabo, es mi decisión y si tengo que decidir. Lo voy a hacer por mí. Voy a decidir por mí, por salvaguardar mis distancias, no por mostrar mis sentimientos, no por ser sincera o dejar de serlo, no por dejarte en un buen lugar, en una magnifica posición… si no porque no sea que me malinterpretes. Y entonces será así, de la siguiente forma: iré guardando en alguna parte todas esas cosas bonitas que siempre (una parte de mí) he querido decirte, las cambiaré por críticas y por lenguajes maltrechos, de vez en cuando con una cara rara o con un disimulado despiste, para que no te lo creas, para obviar esas estúpidas sinceridades de las que siempre hablas… eso lo haces tú, te dejo que lo hagas tú, te invito a que lo repitas tantas veces como quieras. Y yo si te voy a dejar que me digas cosas bonitas, para llenarme, para crecerme, para subir más rápido que los árboles que llevan años esperando, para dejar claro mi punto de vista: que tú eres el débil, que yo soy la fuerte, que de alguna forma u otra…. te tengo a mi disposición. Y te lo permitiré todo, y agudizaré mis caras y mis gestos, procurando y midiendo mis sentimientos, para que no te lo creas, y a ver si tengo cuidado, vaya que un día se me olvide con tanto despiste y con tanta corrección de momentos, y acabe borrando algunos de los momentos en los que te he querido de verdad, en los que me he muerto por decirte algo bonito y que tú lo repitas en ese momento, y que sea de los dos. Pero no creas, no pienses, no lo voy a cambiar… lo tengo muy ensayado.
