Coffee Cup Time

En fin… Sigamos mal olvidando

Hace mucho tiempo que no pensaba en ti, pero hoy encontré un cachito de beso que aún me quedaba en la boca y al quitármelo vi que seguía teniendo el brillo de esa sonrisa tuya que me hacía querer fugarme en tus ojos.

Pensé en todas las veces que con un abrazo me habitaste el alma… y me dolió. Me mató el saberte lejos, el no saberte. Me rompió la existencia reconocer que nos fuimos, no sé a donde, pero sin dejar huella, para que no nos encontrara el destino.

Hoy te vi sin tenerte y no pude más que cerrar los ojos ante la idea de no querer recordarte.

Debo tener presente, que intentar no recordar es sinónimo de ignorar. Y no por ignorar, se logra olvidar.

Y así es…

La mayoría de personas cuando tienen una aventura o una relación larga y rompen, la olvidan; pasan a otra cosa y la olvidan como si nada hubiera pasado. Yo jamás olvido a alguien con quien he compartido algo, porque cada persona tiene sus cualidades propias. No se puede reemplazar a nadie, lo que se pierde, se pierde. Cada vez que acabo una relación me afecta muchísimo, no siempre me recupero del todo. Por eso pongo mucho cuidado en las relaciones, porque me pueden demasiado, aunque sea el rollo de una noche… No suelo tenerlos porque echaría de menos las cualidades propias de esa persona.
Soy una persona que se fija en los pequeños detalles.

Lo tengo muy ensayado.

No te voy a decir nada bonito, no sea que te lo creas, no sea que te haga ilusión y el precio porque lo malinterpretes sea más grande que el de hacerte feliz en ese momento, porque al fin y al cabo, es mi decisión y si tengo que decidir. Lo voy a hacer por mí. Voy a decidir por mí, por salvaguardar mis distancias, no por mostrar mis sentimientos, no por ser sincera o dejar de serlo, no por dejarte en un buen lugar, en una magnifica posición… si no porque no sea que me malinterpretes. Y entonces será así, de la siguiente forma: iré guardando en alguna parte todas esas cosas bonitas que siempre (una parte de mí) he querido decirte, las cambiaré por críticas y por lenguajes maltrechos, de vez en cuando con una cara rara o con un disimulado despiste, para que no te lo creas, para obviar esas estúpidas sinceridades de las que siempre hablas… eso lo haces tú, te dejo que lo hagas tú, te invito a que lo repitas tantas veces como quieras. Y yo si te voy a dejar que me digas cosas bonitas, para llenarme, para crecerme, para subir más rápido que los árboles que llevan años esperando, para dejar claro mi punto de vista: que tú eres el débil, que yo soy la fuerte, que de alguna forma u otra…. te tengo a mi disposición. Y te lo permitiré todo, y agudizaré mis caras y mis gestos, procurando y midiendo mis sentimientos, para que no te lo creas, y a ver si tengo cuidado, vaya que un día se me olvide con tanto despiste y con tanta corrección de momentos, y acabe borrando algunos de los momentos en los que te he querido de verdad, en los que me he muerto por decirte algo bonito y que tú lo repitas en ese momento, y que sea de los dos. Pero no creas, no pienses, no lo voy a cambiar… lo tengo muy ensayado.

A veces me da por abrazar recuerdos, otras veces es mejor dejarlos empolvar.

Hay una frase por ahí que recita “No es lo mismo, pero es igual”

En mi caso, “no es lo mismo pero es mejor”. Y es que esa persona ha venido a dibujarme una sonrisa, a hacer que deje de prestarle atención a ese recuerdo que se pasea en mi cabeza, a traerme la calma que tanto ansiaba.

Pero no quiero, me gustaba verle pasear todo el día, reclamando mi atención. Nada se extraña tanto como lo intermitente. Y aunque casi ya no lo hago, me gustaba extrañarle.

De mil maneras esa persona es mejor, pero no es igual a quien yo quiero, ni siento lo que correspondería sentir.
Bonita la persistencia y el masoquismo de los que nos enamoramos con dificultad.

Morir y dejar caer todas las noches del pasado.

Te quiero, así, tan tristemente, a través de la noche, para evocar tus manos que humedecen. Ando moribunda e idiota; llamando con una voz extinta, pido que me oigas con la insistencia de quien agoniza. Te quiero a ti,  llamándome desde el vacío, aunque de despedidas se tiña mi lengua. Te quiero sin amor, sobre el estigma, pero cara a cara con mi vida.

A veces muero sólo para sentirme viva, me ahogo en mi propio llanto, respiro en este vacío que me aprisiona entre contradicciones, en mis malas decisiones, en mis miedos, en mí. Muero y me refugio en una nueva huida, regreso a la nada volando sin alas, sin aire, y sin ti.