Morir y dejar caer todas las noches del pasado.
Te quiero, así, tan tristemente, a través de la noche, para evocar tus manos que humedecen. Ando moribunda e idiota; llamando con una voz extinta, pido que me oigas con la insistencia de quien agoniza. Te quiero a ti, llamándome desde el vacío, aunque de despedidas se tiña mi lengua. Te quiero sin amor, sobre el estigma, pero cara a cara con mi vida.
A veces muero sólo para sentirme viva, me ahogo en mi propio llanto, respiro en este vacío que me aprisiona entre contradicciones, en mis malas decisiones, en mis miedos, en mí. Muero y me refugio en una nueva huida, regreso a la nada volando sin alas, sin aire, y sin ti.

1